domingo, 1 de mayo de 2016

La narrativa de la posguerra


En esta tarea voy a comparar dos obras de la narrativa de la posguerra española: La familia de Pascual Duarte (1942), de Camilo J. Cela y Nada (1945), de Carmen Laforet.
Ambas son, como ya he dicho, novelas pertenecientes al nuevo estilo narrativo que se implanta en nuestro país tras el final de la Guerra Civil. La primera de ellas, La Familia de Pascual Duarte retrata la vida de este hombre, campesino extremeño que espera su ejecución en una celda de condenados a muerte. La mala suerte le ha perseguido toda su vida, al igual que la violencia, la traición y el engaño. Sin embargo, el protagonista esconde en su interior una gran  fragilidad y un alma desvalida.
La otra novela, Nada nos cuenta la historia de una joven, Andrea, que se traslada a Barcelona cuando termina la Guerra. Allí, se instala en la casa de su abuela, de la que conserva sus mejores recuerdos de la infancia, pero la encuentra cambiada. En un ambiente general de hambre, pobreza, suciedad y opresión, la vida de Andrea sigue las pautas generales, hasta que la marcha de su tía, con la que también vivía, le abre un mundo de posibilidades.
De ambas novelas voy a extraer pequeños fragmentos que ilustren tanto las semejanzas como las diferencias entre las dos.
Una de las principales semejanzas que encontramos es la infancia de los protagonistas; la de Pascual Duarte fue una infancia dura, de la que conserva pocos recuerdos buenos. Menciona a su padre, al que le tenía un gran respeto por su apariencia, por ser una persona brusca y áspera. También dice de él que “no toleraba que se le contradijese en nada, manía que yo respetaba por la cuenta que me tenía. Cuando se enfurecía, cosa que le ocurría con mayor frecuencia de lo que se necesitaba, nos pegaba a mi madre y a mí las grandes palizas por cualquiera la cosa, palizas que mi madre procuraba devolverle por ver de corregirlo, pero ante las cuales a mí no me quedaba sino resignación dados mis pocos años. ¡Se tienen las carnes muy tiernas a tan corta edad!”. Además de eso, a su padre también lo apresaron por contrabando, supuestamente; describe a su madre como una persona de aspecto enfermizo, violenta y mal hablada.
Ambas infancias son duras, marcadas por la mala situación en el hogar de los protagonistas
En lo que respecta a la personalidad de ambos protagonistas, son bastante diferentes; Pascual Duarte puede describirse como machista e incluso “primitivo” por su poca capacidad de empatía. Andrea, sin embargo, es una muchacha idealista, siempre en busca de un futuro mejor. Abandona el Madrid de la posguerra buscando una nueva vida en Barcelona, e incluso al final de la novela, continua buscando ese ansiado “final feliz”, ansiando también la libertad como deseo superior.  Comparten algún rasgo, como la impulsividad, enormemente presente en la figura de Pascual: cuando asesina a su madre, en la mitad de la novela, lo hace de forma impulsiva, sin pensar en las consecuencias, aunque eso no implica que sea un acto sin premeditación; en el siguiente fragmento observamos como lo piensa durante muchas noches:
“(…) Llevábamos ya dos meses casados cuando me fue dado el observar que mi madre seguía usando de las mismas mañas y de iguales malas artes que antes de que me tuvieran encerrado. Me quemaba la sangre con su ademán, siempre huraño y como despegado, con su conversación hiriente y siempre intencionada, con el tonillo de voz que usaba para hablarme, en falsete y tan fingido como toda ella. A mi mujer, aunque transigía con ella, ¡qué remedio la quedaba!, no la podía ver ni en pintura (…) Estaba todo bien preparado; me pasé largas noches enteras pensando en lo mismo para envalentonarme, para tomar fuerzas; afilé el cuchillo de monte, con su larga y ancha hoja que se parecía a las hojas del maíz, con su canalito que la cruzaba, con sus cachas de nácar que le daban un aire retador. Sólo faltaba entonces emplazar la fecha; y después no titubear, no volverse atrás, llegar hasta el final costase lo que costase, mantener la calma…, y luego herir, herir sin pena, rápidamente, y huir, huir muy lejos, a La Coruña, huir donde nadie pudiera saberlo, donde se me permitiera vivir en paz esperando el olvido de las gentes, el olvido que me dejase volver para empezar a vivir de nuevo.”
Además de ello, ambos son personas parcas en palabras, que no tienen un grado elevado de socialización.
Esta libertad de la que hablaba antes la consiguen ambos protagonistas, pero  de alguna manera, también la pierden después: Pascual Duarte la consigue cuando sale de la cárcel, y Andrea cuando su tía Angustias se marcha, pero cuando esta vuelve, se acaba su libertad.
Las dos novelas están muy influidas por la época en la que se escribieron: el ambiente de la posguerra, el hambre, la sociedad, la pobreza en general marcan enormemente las obras. Son personajes, sobretodo Pascual Duarte, de muy baja clase social y con recursos muy escasos.
Todo esto les lleva a una profunda desilusión para con la vida, sienten que no tiene ningún sentido, solo sufrimiento y muerte. También es común la presencia de personajes secundarios como amigos de los protagonistas, lo que les otorga nuevas oportunidades.

Creo que, al final, ambos autores buscaban crear algo nuevo, una renovación literaria, pero no esperaron que sus obras se convirtieran en las luces que guiaban al resto de autores de la narrativa española de la posguerra. 

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