Aún estando en guerra, los autores de esos años cotinuaron plasmando sus sentimientos, aunque en ese momento, de una manera algo diferente a como se venía haciendo en momentos anteriores. Es cierto que, aunque exista testimonio literario de aquellos años, la cultura, las letras y las artes se vieron muy afectadas por el conflicto.
No podemos, en ningún caso, comparar la "calidad" de la literatura anterior a la guerra que la que se produce en la misma, pero aún así, son un testimonio de un valor incalculable para conocer un poco mas la situación en el frente. Los poetas se convirtieron en soldados, luchando en el frente mientras escuchaban poemas de Miguel Hernández; porque fue la poesía la que, con la guerra, mas se desarrolló.
Con una población hundida por la guerra, empobrecida, afectada y desanimada, la presencia de la literatura constituía en ese momento, una vía de escape de la realidad en la que vivían y que estaban sufriendo. La reproducción de obras poéticas en el frente era común, en forma de canciones que animaban a los soldados e intentaban que resistieran y continuaran luchando. Esto, claro está, se daba en el bando republicano, a favor de la libertad. En este bando se posicionaron la gran mayoría de los intelectuales del momento, que eran contrarios al fascismo y la dictadura.
La obra mas importante de la guerra va a ser el Romancero de la guerra civil, una recopilación de los fragmentos de canciones que se cantaban en el frente. Publicado en 1936, supone un triunfo para la ideología del bando republicano. Podríamos decir que esas canciones eran la voz del pueblo, que se alzaba y pedía el fin de las injusticias que en la guerra se estaban cometiendo. Pedían, a gritos, la revolución.
La poesía se convertía entonces en la esperanza del pueblo, que se aferraba a ello y a la promesa del fin de la guerra, y con él, la vuelta de las libertades y de la idea de España tal y como ellos la habían conocido hasta entonces. Los poemas se volvían armas que usar contra el contrario, abarcaba temas sociales, comprometidos, eliminando la banalidad de su obra.
He seleccionado un poema de la obra que creo ilustra muy bien el componente ideológico que los escritores tenían. Su propio nombre, El traidor Franco, es toda una declaración de intenciones; su autor, José Bergamín, juega con la palabra franco, para referirse a algo verdadero y Franco, el nombre del dictador del bando nacional. Este poema podía manejarse como un arma contra los enemigos, ya que era una de las pocas maneras que el pueblo tenía de manifestar su opinión y dejar clara su postura con respecto a la guerra.
¡Traidor Franco, traidor Franco,
tu hora será sonada!
Si tu nombre fuera franco,
se te saldría a la cara,
encendiéndola de sangre,
si tu sangre fuera franca.
Tu nombre fuera vergüenza
si a tu rostro se asomara,
proclamando por la sangre
la traición que la engendraba:
que la sangre has traicionado
desmintiéndola de clara.
¡Traidor Franco, traidor Franco,
tu hora será sonada!
Como una máscara el pueblo
te tira el nombre a la cara,
descubriendo la traición
que en tu nombre se amparaba.
Traicionándote de franco
traidor a tu misma causa,
fuiste dos veces traidor:
a tu sangre y a tu patria,
que a España no se defiende
con la traición emboscada,
asesinando a su pueblo,
que es el alma de su alma.
¡Traidor Franco, traidor Franco,
tu hora será sonada!
Tu nombre es como bandera
que tu deshonra proclama.
Si la traición criminal
en ti franqueza se llama,
tu nombre es hoy la vergüenza
mayor que ha tenido España.
Que ni tu nombre es ya nombre,
ni en tu sangre se espejaba;
traidor, hijo de traidores,
malnacido de tu casta:
no eres franco, no eres nombre,
no eres hombre, no eres nada.
José Bergamín
Poema extraído de: http://www.rosa-blindada.info/b2-img/PoesiacomounarmaMarianoGarrido.pdf